• Escritura, economia y sexualidad en "Trilogia sucia de La Habana" de Pedro Juan Gutierrez

    Las crónicas o breves viñetas que conforman las tres novelas de la Trilogía sucia de La Habana del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez, publicado en 1998 por Anagrama en Barcelona, como lo indica el título, tratan sobre algo escatológico en un contexto “tropical”. Por ello se presentan dos vertientes de lectura: por un lado el aspecto transgresivo de una escritura que articula una economía material y del deseo; y por el otro, la construcción de una voz con el estatuto de autoficción a lo tropical. Además, las circunstancias de producción hacen de la Trilogía lo que podríamos llamar una obra del exilio interior o del “insilio”.

                A esta escritura la atraviesan varias fuerzas antagónicas tanto textuales como contextuales. El enunciado del texto es fuertemente contradictorio. Su característica central es poner en tela de juicio y simultáneamente reproducir las normas y estereotipos de la cultura y sociedad cubanas. Al publicar en el extranjero, la prosa adquiere una construcción exótica de sí misma y se empaqueta para venderse mayormente en el mercado de libros “exóticos” del primer mundo. No obstante se deberá reconocer la intensión fallida de publicar inicialmente dentro de la isla, lo que implicó su exclusión en el mercado local y también dentro del ámbito oficial cubano.

                En el plano textual Pedro Juan, narrador del texto entero y casi siempre en primera persona, nos confía a sus lectores inmediatos lo que vamos a llamar la normalidad extrema del cotidiano. El calificativo “duro” será el lugar verbal de encuentro entre un realismo sucio de los 90 y una escritura sucia de un sujeto autoficcional (o autoficticio).[1] Sujeto que será biográfico en la medida en que el autor aprovecha las experiencias típicas vividas por él mismo en el barrio de Centro Habana, pero sobretodo será un sujeto ficticio, literario, es decir, una función estética y sólo desde ahí, un hecho social.

                En la realidad estetizada de la Trilogía, la voz narrativa se sitúa dentro de una visión de la vida bien alejada del discurso oficial del gobierno, que representa la realidad de otra manera, es decir de manera ideológica. En efecto, la fragilidad de las ideas apropiadas por una escritura dura nos muestra también la fragilidad del discurso oficial y genera otro discurso que se puede nombrar de diferentes maneras: no-oficial, marginado, disidente, alternativo y también no-articulado, inexistente dentro de la Isla. Los útiles estéticos de una escritura semejante estarán consecuentemente, uno por uno en tensión con los elementos discursivos de una oficialismo semejante. Tomemos por ejemplo la viñeta "Un día yo estaba agotado" que comienza así: "Por la mañana apareció una mujer apuñaleada en la calle" (85). El narrador se queja del hecho de que la noticia no aparece en los periódicos. Su escritura se dará esta tarea, y nos dice:

    "Esto es un simple crimen pasional. Como en cualquier lugar. Pero aquí no se publica en la prensa porque hace treinta y cinco años que no conviene hablar de nada desagradable ni preocupante en los periódicos. Todo debe estar bien. Una sociedad modelo no puede tener crímenes ni cosas feas.

    […]

      Por eso yo estaba tan desilusionado con el periodismo y comencé a escribir unos relatos muy crudos. En tiempos desgarradores no se puede escribir suavemente. Sin delicadezas a nuestro alrededor, imposible fabricar textos exquisitos. Escribo para pinchar un poco y obligar a todos a oler la mierda. Hay que bajar el hocico al piso y oler la mierda. Así aterrorizo a los cobardes y jodo a los que gustan amordazar a quienes podemos hablar.

      Ya no podía seguir en silencio, escribiendo tonterías a cambio de algún alago. El juego tenía reglas demasiado estrictas. Sólo se podía decir que "sí".

      Lo mandé todo al carajo y escribía unos relatos desnudos. Mis relatos podían salir en cueros por el medio de la calle gritando: libertad, libertad, libertad!" (85-6).

     

                Expresado de este modo, y así publicado en el extranjero, el narrador busca la libertad que le hace falta y el autor lo denuncia “insílicamente”, es decir un simultáneo dentro y fuera de la Isla. No se trata todavía de una libertad lograda en la Cuba real, aunque sea una libertad confinada al silencio. Pero, dentro de otro tipo de valor, es una libertad lograda en el plano privado del individuo, lo que es una práctica bastante corriente en este contexto, y se constata a través de varios personajes en la obra.

                A lo largo del texto una idea es muy clara: uno no se alimenta de ideas. En la economía real de Cuba del Período especial, la abundante retórica es paralela a la abundancia de la pobreza material y consecuentemente de una realidad a textualizar. Esta es precisamente la tarea de Pedro Juan Gutiérrez. La estrategia de centralización de poderes penetra la cultura cubana con mucha fuerza, y por esto, la estructura ideológica del texto la conserva intacta. Así, las relaciones económicas rigen una economía textual donde el falo se simboliza en varios impactos. La economía fálica del texto se hace brotar sobre múltiples campos metafóricos. Tomaré entonces ejemplos a partir de la sexualidad y la violencia poniendo en relieve permanente la estética escatológica de esta escritura dura. Dentro de la paradoja de una semejante textualización de las relaciones de intercambio desde la realidad hasta el texto, se encuentra el hecho de que representando la invisibilidad de las situaciones no interesantes para la jerarquía oficial, la lógica del Estado encuentra su mejor expresión. De ahí que la Trilogía se convierte en una suerte de nudo donde la deconstrucción y reconstrucción de la economía fálica actúa como paradoja.

                La textualización de la sexualidad articula los intercambios de valor en tiempos de crisis. La falta de dinero producirá formas particulares de intercambio económico y simbólico[2]. Para el lector contemporáneo, la seducción se presta a la figura de la mulata exótica y la mujer negra con quienes el narrador tendrá diversas formas de intercambio. Para el narrador, se diría que no es una escogencia consciente sino basada en el deseo. Pero, ?de qué se trata este deseo ‘racializado’? Partamos de la primera viñeta la novela, “Cosas nuevas en mi vida” donde el deseo por Miriam, una negra, es articulado por Pedro Juan, el narrador que dice:

    "Ya no estaba demacrada. De nuevo tenía las nalgas duras, redondas y solidas a pesar de sus cuarenta y seis años. Los negros son así. Llenos de fibras, y músculos, con muy poca grasa, y una piel limpia, sin granos. Oh, no resistí la tentación y, después de un buen rato jugando con ella, ya había tenido tres orgasmos, se la metí por el culo. Muy despacio, bien mojada con los líquidos de su vagina. Poco a poco. Metiendo y sacando y masturbándole el clítoris con mi mano. Ella rabiaba del dolor y me pedía que se la metiera hasta el tronco" (10).

     

                El hecho de que Pedro Juan y Miriam se lancen lascivamente sucios, sin ducha, al sexo, refuerza el efecto estético del pasaje. Macho tropical y negra exótica, el falo controla la economía del deseo. Sin embargo, no es esta en absoluto la demostración oficial (retórica) del poder fálico. Será aquí el falo transgresivo de un representación gráfica del cuerpo erótico racializado lo que va a mostrar la virilidad textual. Como un camello en el Sahara, el lector académico se preguntará si será necesario explicitar lo que se supondría evidente en relación con la raza de la gente en un país donde, según la enciclopedia Británica, la mitad son mulatos y los menos son blancos y negros. No es, no obstante, sólo cuestión de rendir cuentas de lo exótico, ya que en Cuba el lenguaje y la raza van de mano en mano, más bien fundidos.

                En la Trilogía, la mulata se apoyará en un discurso racial que reconoce bastante bien la discriminación que se ejerce en su contra, sólo que aquí no definirá un acto exclusionista, sino de su gusto sexual. Miriam, que es una “jinetera” (palabra que designa a una prostituta generalmente vinculada al sector turista), y Rosaura, otro personaje, una enfermera, se apoyan fuertemente a un discurso semejante pero en modos enteramente opuestos. Las dos son amantes de Pedro Juan, pero mientras Rosaura se identifica sexualmente con los negros, Miriam muestra otra actitud racial viniendo de una mulata. Hablando con Miriam, mulata clara, el narrador dice:

    "Su falta de pudor llegaba a la grocería. Y eso me gustaba. Yo cada día era más indecente. A ella le gustaban los negros bien negros, para sentirse superior. Siempre me lo decía: 'son groceros, pero les digo, !negro, échate pa’ allá!, y yo estoy por arriba porque soy clarita como la canela'. En realidad era aún más clara que la canela y todo lo valoraba así : los más negros abajo, los más claros arriba. Yo intenté explicarle, pero no quería cambiar de opinión. Me decía que no era así. Bueno, me daba igual. Que se quedara con sus ideas" (47-8) (énfasis añadido).

     

                El interés por la representación del racismo ligado a la sexualidad se vincula a la cuestión del lenguaje y raza como significativo en la escritura de la novela. La presencia de personajes, en este caso mulatos, hablando de un modo tan dialectológicamente “real” y también tan “duramente” de los intercambios de miradas con intención racial en La Habana, muestra una temática de la transgresión que suele representarase como un mestizaje feliz por el discurso oficial. Ciertamente la sociedad cubana está orgullosa, en línea general, de su cultura de mezcla. Sin embargo, en línea general, no se reconocen más o menos explícitamente las formas de racismo de esta sociedad mezclada, mulata, en fin, transculturada, al decir del etnólogo cubano Fernando Ortiz. El deseo y la diferencia raciales representados desde registros (in)tolerables, abren también el aspecto simbólico-económico y muestran sus consecuencias en la relación entre personajes, en especial, en la vida comunitaria y las carencias materiales de todo el mundo en el vecindario (punto que aquí no podré desarrollar).

                La diferencia racial como detonadora del deseo sexual se articula de manera patente a lo largo del texto. Lo gráfico de las descripciones – acordémonos de “Cosas nuevas en mi vida” junto con la piel negra y lisa de Miriam – sirve para abrirse paso a representaciones de la realidad cubana que no aparecen en aquellas del oficialismo. Por supuesto, el fenómeno del jineterismo (término que quiere decir prostitución y que asocia el sustantivo “jinete” con el sexo) conviene a la economía del Estado, sólo que no tan discretamente, por el hecho de que aquel estimula el sector del turismo. Dicho de otro modo, el Estado se beneficia del jineterismo en la medida en que ello estimule el comercio sexual para el turista, lo que genera fuente de divisas, en un contexto específico no controlado directamente por el Estado. Se podría decir que el deseo de Pedro Juan refleja brutalmente la prostitución y la promiscuidad cotidianas, lo que constituye una especie de denunciación por exhibición. Simultáneamente, este grafismo patente tiende poco a querer ‘cambiar’ la realidad tal cual ella es, sino a tragarla irremediablemente y hacérsela tragar al lector también. Sin embargo, en mi análisis la lectura que traga la realidad dura se evalúa desde una estética escatológica. Me explico.

                La escritura hace avanzar no sólo la sexualidad, sino una técnica de seducción, un registro del deseo más allá del sexo retomado en la textura escatológica que define toda la estética de la novela. Textura que no cambia nada del orden existente y que sólo pretende exponer los lugares menos conocidos de este orden. En el primer cuento, se encuentra la enunciación de una escritura escatológica y dura:

    "Cuando se la saqué estaba embarrada de mierda, y ella se asqueó. Yo no. Yo tenía el cínico alerta, nunca dormía. Es que el sexo no es para gente escrupulosa. El sexo es un intercambio de líquidos, de fluidos, saliva, aliento, y olores fuertes, orina, semen, mierda, sudor, microbios y bacterias. O no es. Si sólo es ternura y la espirtualidad etérea entonces se queda en una parodia estéril de lo que pudo ser. Nada." (11).

     

                Hasta aquí se mostraron ejemplos de temática ‘dura’ en los contextos invisibles de la heterosexualidad. Puede que uno de los temas más irreverentes de la novela se encuentre en los pasajes y referencias del mundo homosexual habanero. Si la representación escatológica esconde los lugares sensibles de la sociedad bajo la economía de guerra en tiempos de paz, entonces el mundo homosexual muestra, o mejor, reconoce las prácticas doblemente escondidas aunque corrientes en la Isla.

                El desarrollo narrativo de la homosexualidad como degeneración de la conducta machista reaparece frecuentemente. Guy Hocquenguem, clásico crítico francés de la homosexualidad, en su texto El deseo homosexual (1972) traza la homofobia de las sociedades posindustrializadas y edipianizadas de la siguiente manera: “El arma más fuerte de la ideología capitalista es la de haber transformado a Edipo en una naturaleza social, una interiorización de la opresión que la deja libre de reconstituirse bajo todas las banderas políticas” (91). Ahora bien, hasta las sociedades más sovietizadas no escaparon la internalización del pequeño niño oprimido por miedo a la castración paternal y el niño a quien se le prohíbe poseer a su madre, todo lo que se encuentra en el centro de la sociedad falocéntrica.

                En efecto, en el cuento “Tipos duros”, el narrador de Pedro Juan, más homofóbico en el discurso que a la hora de valorar a todo ser humano, se mete él mismo al desnudo reconociendo la ilegibilidad del código homosexual entre hombres recios y, por tanto, aparentemente machos. No debe sorprender que el calificativo ‘duro’ vuelva a convertirse en término clave. En este cuento, un hombre gay se suicida. Se quita la vida lacerándose todo el cuerpo con un cuchillo en el pasillo del solar donde vive la ‘madrina’ en santería de Pedro Juan. Leemos:

    "En ese momento llegó otro vecino. Se abrazaba al ahorcado y comienza a llorar y a besarlo. Me pide que lo ayude a zafarlo.

    Yo no entendía nada. Era un tipo duro del solar. Se veía que era un acere durísimo, pero estaba besando en la boca al muerto y tenía los ojos arrasados en lágrimas" (27) (énfasis añadido).

     

                La ilegibilidad que Pedro Juan, el narrador, patenta, proviene de la misma economía fálica patriarcal de aquella del Estado. Pero, la estética escatológica, ya lo había dicho, metiendo la realidad al desnudo, se desnuda ella misma, y su ‘dureza’ escrituraria. Esta escritura se une a aquella de la realidad que ahora se muestra blanda, flexible y reconocible de las formas de placer erótico independiente del significante heteropatriarcal donde el sexo sustituye más allá de lo simbólico a la moneda dura y corriente. Además, la personalidad machista del narrador a lo largo del texto a veces escapa su propia construcción de macho tropical, de masculinidad patriarcal, revelando el carácter constructivo y no esencial del sexo.

                En este punto se puede avanzar la idea de que la escritura dura se articula con relaciones múltiples. Se citaron pasajes que actúan sobre la sexualidad, la ideología mulata y la homosexualidad como temáticas donde la representación ‘dura’ proveen una estética escatológica, y pues, transgresiva del discurso oficial sobre la realidad heteropatriarcal de una sociedad profundamente falocrática y machista. Los equivalentes pene-dinero se funden en uno solo valor de intercambio, escapando de la centralización fálica, como lo acabamos de ver, a través del deseo racializado y de los órganos erógenos no eyaculantes.

                En este estudio, intenté mostrar, entre los pasajes seleccionados junto con sus respectivos comentarios, la profunda contradicción dialéctica de esta escritura ‘dura’. Pedro Juan, periodista una vez militante ferviente de la Revolución cubana, luego de caído el muro de Berlín, desarrolla una escritura y situaciones nombradas como cotidianas durante el Período especial. Con la huida real del dinero, con las carencias materiales y la imposibilidad de cubrir las necesidades más básicas, la escritura de Pedro Juan Gutiérrez se sumerge en una realidad todavía hoy y frecuentemente tapada por la voz oficial del gobierno. Así, la cuestión de la sobrevivencia sitúa las relaciones sociales en nuevas dimensiones de uso, aspecto que aún faltaría desarrollar más a través de un marco teórico que compagine el análisis del cuerpo sexuado y de la violencia urbana con el de la economía moderna.

                Al mismo tiempo, las circunstancias ‘insílicas’ en la producción de la novela pone en relieve la dosis autorreflexiva de la obra y añade una segunda capa mercantil al valor del texto como objeto real de cultura que se compra y se vende en los mercados de libros. Así, la experiencia de lectura ya no es un acto inocente, sino más bien que crea sospecha sobre la realidad del mundo narrado, es decir, sobre la fidelidad o veracidad del aspecto autobiográfico de estos relatos. La tensión entre revelar una realidad escondida, invisible y la reproducción de un orden falocéntrico, demuestra la contradicción siempre activa y compleja que atravieza el doble carácter de la obra de arte como lo apunta el crítico francopolaco, Pierre Zima, retomando una idea de la crítica de Adorno y Horkheimer: la búsqueda de la sociedad en el texto, el sentido social de la forma estética que escapa toda interpretación monosemántica (222). Por ello, he reprimido en mi análisis toda crítica de denunciación simple, de las discriminaciones sexuales y raciales cuando, en realidad, se trata del análisis textual de una forma cultural profunda: aquella de la actualidad cubana en toda su crudeza, su desnudez, su dureza y de los remarcables valores que ello dice de la gente de esta isla del Caribe.

     

    Bibliografía

     

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    Zima, Pierre V. Pour une sociologie du texte littéraire. 1978. Paris. L’harmattan, 2000.

    [1] El contexto histórico de la novela se ubica en los primeros años de los 90, luego de disolución de la Unión Soviética, lo que causó la pérdida del 80% del presupuesto nacional de Cuba y la consiguiente crisis económica denominada por Fidel como ‘Período especial en tiempos de paz’.

    [2] La norma de la economía se establece por la lógica del Estado donde, según el crítico francés e intérprete del marxismo, Jean-Joseph Goux: “La escogencia universal preside a la instauración de la norma. Esta fijación definitiva deviene ‘la forma socialmente válida’. Ella adquiere ‘una autenticidad social. Es ‘una forma oficial de valores’ que puede regular, normalmente, los intercambios” (77).

  • Cesar Vallejo, dos obras de poesia

    Trilce y España, aparta de mí este cáliz:

    La palabra y la idea de la libertad

    “¡Odumodneurstse!”

    Trilce, XIII, 1922

     

    Or, comme tous ces systèmes sont insoutenables, […] en variant les formes de ses différents ouvrages, [la destruction] est avantageuse pour [la nature]”

    D.A.F. de Sade, La Philosophie dans le boudoir, 1792 

     

    “Voluntario de España, […] cuando marcha a morir tu corazón, […] no sé verdaderamente qué hacer, dónde ponerme”

    España, aparta de mí este cáliz, 1937

     

    “Marx no profesó jamás el igualitarismo sumario que se confunde tan frecuentemente, ya sea para exaltarlo, ya para denigrarlo, con el espíritu democrático y con el comunismo”

    Henri Lefebvre, El marxismo, 1948

     

    La obra de César Vallejo está signada por la contradicción. La prueba de ello se encuentra en la imposibilidad de salirse del lenguaje aún contando con rupturas impuestas al lenguaje y con la dosis de agresividad de estilo llena de paradoja que reclama la libertad en todo orden. Que Trilce (1922), libertad radical del lenguaje (Ortega, 9), se conciba en la cárcel es paradójico e igualmente contradictorio. Que España, aparta de mí este cáliz (1938) (España en adelante), texto militante en pro de la vida  y de la libertad del proletariado, se obsesione por la figura del cadáver, y tenga también un uso puntual del discurso católico, es de modo semejante paradójico y contradictorio.

    Estos textos de poesía, signos de libertad y contradicción, son a su vez sintomáticos de una crisis más amplia, fenómeno de larga duración, en el seno de la herencia de la función lógico-racional del lenguaje y de las aspiraciones republicanas de pueblos oprimidos por élites poderosas.

    Este trabajo estudiará aquellas contradicciones como tensiones productivas. Teóricamente las dos obras estudiadas de Vallejo aprovechan la crisis del signo lógico o burgués, su aspecto dicotómico, su doble articulación, para sugerir la complementariedad especial entre la norma y su ruptura, y entre la autonomía del signo y su utilidad social. A nivel analítico comentaré una selección de poemas de Trilce a la luz de escritos del Marqués de Sade desde la óptica de una poética del espacio carcelario. La dialéctica e interdependencia del binomio creación-destrucción en Sade-reo es extremadamente actual en el Vallejo-preso de características vanguardistas, a saber, la ruptura formal y los tabúes sexuales y de los deshechos del cuerpo:

    Pienso de tu sexo, surco más prolífico

    y armonioso que el vientre de la Sombra,

    aunque la muerte concibe y pare

    a Dios mismo

    (Trilce, XIII).

     

    […] cinco [sic] espinas por un lado

    y cinco por el otro: Chit! Ya sale.

    (Trilce, XII).

     

    Por ello, mi comentario entiende al texto como escritura y como puesta en escena; porque la manera de escribir contiene información que hace estallar la ya y ahora renovada lingüística y la provocación temática. Asimismo, en el caso de España, comentaré acerca de la tensa calma en el uso del discurso poético, el político y, en menor medida para mi interés, el religioso, así como también discutiré su forma de manifestar la libertad expresiva que redunda en la libertad proletaria. La imagen iterativa del cadáver pone el acento en el tema de la muerte. Esta dramatiza una valorización humanística de la vida, y critica, por contraposición, la miseria del pueblo español, europeo, y más ampliamente, del mundo:

    ¡Voluntario italiano! […]

    ¡Voluntario soviético! […]

    ¡Voluntario del sur, del norte, del oriente

    y tú, el occidental! […]

    en España, en Madrid, están llamando

    a matar, voluntarios de la vida

    (España, I).

     

    LA OSCURA ILUSTRACIÓN DE LA CÁRCEL

                La anécdota carcelaria de Sade no justifica una lectura sádica y sadiana del texto vallejano por lo menos en el caso de 1922. Tampoco me pregunto cómo habrá leído Vallejo a Sade. Más que ningún otro poeta maldito, filósofo del superhombre o escritor vanguardista, la reincidencia entre Sade y Vallejo es actual en más de un sentido; la reincidencia de la crisis de la racionalidad, del lenguaje y de la modernidad; la reincidencia de una versión oscura del poder racional. Más que mero lugar de producción de Trilce y de otro texto como Justine ou Les Malheurs de la vertu (1788), la cárcel es el parámetro psíquico que fija la base poética de todas las imágenes tanto para quien las cifra como para aquel que las descifra. La escritura del aburrido no refleja la cárcel de modo transparente, ni viceversa. El espacio de confinamiento no sólo hospeda al cuerpo y al individuo, sino que también al-verga o penetra, como en nuestro cálido hogar, los sitios materiales psíquicamente percibidos de nuestra vida íntima (Bachelard, 8). Desde la óptica topoanalítica, la experiencia del condenado crea un sitio, pues, donde el texto traduce e inscribe la realidad histórica del reo dentro de otra realidad, poética. Este lugar, para insistir en el espacio, precede el tema del poema. A través de la topografía de la expresión poética se deshecha la biografía del autor para centrar toda la atención en la fibra del texto.

                El hogar, que ofrece protección al inocente, se diferencia nítidamente de la cárcel, que priva al individuo del contacto con la sociedad acarreando una carencia radical. Al mismo tiempo, la cárcel es el peor de los hogares: pequeño y reducido, sin cuartos ni pasillos, poca o ninguna iluminación, históricamente poco higiénico y, enfatizo, asocial. Alberga sin hospedar: siendo espacio habitado se niega a ser habitable. La relación entre el hogar y la cárcel es como una moneda y sus dos caras, es decir, como la relación entre la norma y su ruptura, generando el movimiento infinito del espíritu de contradicción y de paradoja.

                Cara o cruces, Sade y Vallejo congenian la soledad radical asocial de la prisión con la libertad igualmente radical de la imaginación. Esta contradicción básica es el motor productor en el texto encarcerado. Si es verdad que todo preso que escribe hace un acto de resistencia, en aquellos la escritura se libera sólo a través del tropo carcelario; no la niega sino que la habita. Ni la pornografía, en uno, ni lo excrementicio, en el otro, sino la producción de la escritura, es la singularidad de una libertad que nutre la forma artística de su propia carencia (Ortega, 47) – cosa imposible en un político preso que no en un preso político.

    En Justine la repetición sin fin de la cadena irrepresentable de coitos y asesinatos redunda en la infinitud de un espacio fijo que nunca varía (Didier, 12). En Trilce la iteración de defecar redunda en el silencio y el ocio creativo del detenido (Iberico en Ortega, 49). Si en el plano ético hay diferencias (vuelvo más adelante), en el plano estético el punto convergente de la escritura presa es ese radical romper todas las reglas. Sin ser libertino, el libertinaje lingüístico de Vallejo plantea la crisis del signo lingüístico y más importante, de la función lógica del lenguaje.

      Escapo de una finta, peluza a peluza.

    Un proyectil que no sé dónde irá a caer.

    Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura.

     

      Chasquido de moscón que muere

    a mitad de su vuelo y cae a tierra.

    ¿Qué dice ahora Newton?

    Pero, naturalmente, vosotros sois hijos.

     

    Incertidumbre. Talones que no giran.

    Carilla en nudo, fabrica

    cinco espinas por un lado

    y cinco por el otro: Chit! Ya sale.

    (Trilce, XII)

    En un ocioso contexto asocial, ir al baño es un evento memorable, interesante. Temáticamente sobre las heces, la asociación corre de escapar un impuesto o un disgusto, poco a poco como un polvito sucio bajo el mueble, a un proyectil rumbo al impacto y culminar su caída bajo la ley universal de la gravedad de Newton. Afectado por la ‘incertidumbre,’ el poema somete a lo universal lo marginado. Defecar, como cualquier otra actividad, está sujeto a la gravedad. El inoportuno paralelo entre la mierda y el físico pone en tensión la dignidad de la ciencia con un tema de prestigio cero, indigno de la tradición literaria aceptada en un Perú católico que profundiza la economía de exportación de guano. El poema XII presenta un modo de pensar y una manera de escribirlo. La reincidencia sadiana acompaña a Vallejo en una voz lírica que ejerce la razón con objetos displicentes y, por ende, ilumina de modo oscuro. La tensión mierda-Newton es productiva en tanto el poema usa la razón para temas desprestigiados. El uso de la puntuación monta en escena frases desfamiliarizantes: “Incertidumbre. Tramoto. Cervical coyuntural” o “Incertidumbre. Talones que no giran. Carilla en nudo […].” La sutil ortografía encontrada de ‘peluza’ por ‘pelusa,’ en su propia falta ortográfica, corresponde el efecto igualmente sutil de un ir “poco a poco”: “peluza a peluza.” El experimento con el ritmo sintáctico y con la ortografía informa al lector atento que en la forma hay información que reincide nuevamente en el tema fecal. Gesto vanguardista, al mismo tiempo caso singular, la cárcel temática de lo excrementicio libera, en Vallejo, al material lingüístico de toda convención formal y de todo asunto aceptable. La idea de la libertad no está tratada propiamente sino que está en la hechura del poema.

                El poema siguiente, XIII, recidiva la oscura iluminación en una paradoja conceptual: la muerte que crea. El deseo sexual y del experimento anagramático redundan en el mensaje del poema.

    Pienso en tu sexo, surco prolífico

    y armonioso que el vientre de la Sombra,

    aunque la Muerte concibe y pare

    de Dios mismo.

    Oh conciencia,

    […]

    ¡Odumodneurtse!

    (Trilce, XIII).

    El anagrama estruendo mudo es oxímoron exclamativo que descubre el silencio como génesis divina (“de Dios mismo”) de la voz vital de la conciencia – siguiendo un esquema bastante bíblico. Sin embargo, dando placer y vida desde un espacio de “Sombra,” el sexo extrae la vida de la muerte y no al revés. No se niega la existencia de dios, pero se avanza que la muerte puede también ser origen de vida. No obstante, es el anagrama lo que enajena al poema y lo convierte en artefacto artístico, en cálculo verbal calibrado. El gesto vanguardista juega con la forma y con la puesta en escena del verso, y simultáneamente, la mudez carcelera susurra estridencias poemáticas rasgadas con papel y pluma. XIII, ese “número severo y apostólico” (Sucre, 139), es un ejercicio de creación en varios registros: de la génesis bíblica al placer de coito, de la experiencia erótica vivida a la muerte de la celda, de la frase al anagrama, el punto más intenso del placer y de la creación no puedo sino realizarse en la expresión de la negación y de la paradoja: estruendo mudo, rayo de luz y especie de muerte: la oscura iluminación, la perversa racionalidad de la cárcel. La razón perversa se opone intrasigentemente a la razón ilustrada. Fraternidad, libertad e igualdad son mitos que hay que destruir para refundar una libertad radical a través del fratricidio, el placer y el sometimiento.

                Ahora se podrá preguntar, ¿no hay más diferencias entre Sade ateo y libertino, y Vallejo creyente, vanguardista, que esa cierta oscuridad en el empleo de útiles modernos de expresión? Lo religioso y lo erótico, se podrá avanzar, conllevan a resultados diferentes. Las diferencias están tan presentes como la eras históricas que los distancia. Con más razón, al reparar que España ofrece frutos expresivos partiendo del uso conjunto de discursos diversos, el religioso con el socialista. La respuesta a la pregunta no está en la confrontación directa entre discursos, el ateo contra el creyente. La pornografía y la ruptura gramatical representan una crisis más amplia: sistemas enteros que se caen, más allá de las implicaciones morales y éticas de los discursos en crisis. Por ello responderé que lo que opera como éticamente suicida[1] en el marqués de Sade, resulta estéticamente productivo  en Vallejo. No sería sino después de Nietzsche, Rimbaud y luego las vanguardias que sentido de la ética se ampliara de la moral a la escritura misma.

                El terreno común entre Sade y Vallejo en lo textual se da en la dialéctica destrucción-creación. En La Philosophie dans le boudoir (1792) (Boudoir en adelante), se asoman los Sade: el sádico y el sadiano. A propósito de Justine, Béatrice Didier hace la distinción del doble Sade:

    Le libertin pratique deux type de discours : la dissertation théorique, philosophique, quand il justifie ses actes, explique son système, et, d’autre part, la parole brève qui est celle d’un impossible dialogue et qui, le plus souvent, est incisive, violente, ordre ou injure. Le point commun entre ces deux discours, c’est leur intransigeance.

    (Didier, 21).

    Por un lado personajes sádicos dialogando, por el otro, el discurso sadiano revelando el lado oscuro de la ilustración, legitimador de la destrucción. Obra estructurada literalmente en diálogos, como el uso del pronombre ‘tú’ en Trilce, en Boudoir la topografía de la cárcel reaparece en forma de negación: el diálogo y el interlocutor parten desde el silencio del reo. Así, desde una poética del espacio carcelario es posible convenir en la muerte, la carencia, la miseria, en una palabra, en la destrucción como vehículo de creación. Por ejemplo, el crimen deber entenderse como creación y no debe tener como consecuencia la cárcel. El ‘Cinquième Dialogue’ de Boudoir Sade defiende a la dialéctica destrucción-creación, contra la moral católica de la “l’Écriture sainte, fastidieuse compilation d’un juif ignorant, pendant la captivité de Babylone” (157). El ejemplo es la sodomía donde primero descalifica el sistema moral al que se opone

    Ceux qui veulent proscrire ou condamner ce goût prétendent qu’il nuit à la population. Qu’ils sont plats, ces imbéciles qui n’ont jamais que cette idée de population dans la tête, et qui ne voient jamais que du crime à tout ce qui s’éloigne de là ! Est-il donc démontré que la nature ait de cette population un aussi grand besoin qu’ils voudraient nous le faire croire ? Est-il bien certain qu’on l’outrage chaque fois qu’on s’écarte de cette stupide propagation ? Scrutons un instant, pour nous en convaincre, et sa marche et ses lois (158).

     

    Para luego justificar la dialéctica sadiana,

    Si la nature ne faisait que créer, et qu’elle ne détruisît jamais, je pourrais croire avec ces fastidieux sophistes que le plus sublime de tous les actes serait de travailler sans cesse à celui qui produit, et je leur accorderais, à la suite de cela, que le refus de produire devrait nécessairement être un crime. Les plus léger coup d’œil sur les opérations de la nature ne prouve-t-il pas que les destructions sont aussi nécessaires à ses plans que les créations ? que l’une et l’autre de ces opérations se lient et s’enchaînent même si intimement qu’il devient impossible que l’une puisse agir sans l’autre ? que rien ne naîtrait, rien ne se régénérerait sans des destructions ? La destruction est donc une des lois de la nature comme la création (158).

     

                El argumento es válido: si el hombre es paralelo a la naturaleza, ¿no debe este asumir tanto a la creación como a la destrucción como sus útiles de trabajo? Sea el sistema insostenible que sea, la religión o la gramática, no se puede normativizar todo acto de creación – la vanguardia se jugó esta queja en buena medida. La idea de creación misma puesta en tela de juicio, la destrucción amerita un espacio en la productividad en la ética de la escritura. La orgía en uno, la agramaticalidad en el otro, se reclama la libertad de acabar con el sistema como método válido de crear: el arte será testigo. El poema XXXVIII entretiene semejante raciocinio oscuro a través de por lo menos dos imágenes: el alimento y el mensaje.

    Este cristal aguarda ser sorbido

    en bruto por la boca venidera

    sin dientes. No desdentada.

    Este crista es pan no venido todavía

    (Trilce, XXXVIII).

     

    Físicamente líquido, el cristal frágil es en este poema una bebida que aguarda ser sorbida (¿temerá ser embuchada?) por una boca de encía pura y tendencia “bruta.” Sin embargo, la tensión agresor-agredido no es entre el cristal y la boca. Al revés: el líquido lento la amenaza con sus quebradas gotas afiladas,

    Hiere cuando lo fuerzan

    y ya no tiene cariños animales.

    Mas si se le apasiona, se melaría

    y tomaría la horma de los sustantivos

    que se adjetivan de brindarse

    (Trilce, XXXVIII).

     

     El genio de esta estrofa radica en el cálculo logrado de, primero, el cristal, como también el tiempo verbal y el comentario metalingüístico. Claro está, la conjugación de los tres elementos contienen la libertad en la idea de la forma. Las palabras cambian de humor, y no siempre se prestan: de ahí el subjuntivo único y los dos condicionales. Este brebaje verbal, sólo bajo peligro inminente (“Hiere cuando lo fuerzan”) pero moldeable (“y tomaría horma”), crea la tensión exacta para producir expresiones sorprendentes – como esta estrofa. Es evidente, pues, que las relaciones semánticas entre ‘cristal’, ‘sustantivos,’ y ‘melaría’ se basan en una tensa calma (“Hiere cuando lo fuerzan”). La fragilidad del cristal reitera, en tensión, la fragilidad del verbo en condicional, y la violencia del vidrio cortante, asimismo, la brutalidad desdentada, la pasión del buen adjetivo. La multidimensionalidad de los elementos poemáticos reproducen una libertad de la palabra. Julio Ortega amplía el punto sugiriendo que la naturaleza sígnica de ‘cristal’ se vuelve incierta y cabe como alegoría de la crisis entre significante y el referente: “[Vallejo] utiliza el nombre no por la cosa que designa sino por la tensión que puede introducir entre nombre y cosa: “cristal” ya no es aquí un mero cristal, sino la tensión entre el signo y el objeto” (189). En efecto, la crisis entre “el signo y el objeto” deja al significado en una asociación abierta que destruye la asociación fija, cerrada, carcelaria. Cabe el comentario metalingüístico de la libertad de la palabra, la palabra libertad no dicha.

                Recapitulando, expresiones en Trilce como “Chit! Ya sale” (XII), “la Muerte concibe y pare” (XIII), y “Hiere cuando lo fuerzan” (XXXVIII), pasan por varios horizontes de lectura: el montaje de un ritmo sintáctico, la anécdota escatológica, y la destrucción creadora. Dentro de la óptica del encierro, el producir deshechos, el morir creador, y producir arte conforman los pequeños temas marginado que ponen en crisis a los “grandes temas” de la poesía “elevada, virtuosa y edificante.” Observar las peripecias gramaticales, sin llegar a ser malabar del virtuosismo a lo Huidobro (no hace falta tampoco), se llega a la conclusión de que se puede seguir escribiendo, produciendo letras, pero de un modo radicalmente diferente: ruptura de la norma y recuperación de la libertad de la palabra.

    CADÁVER SOCIAL

                Si el sistema literario de, por ejemplo, la poesía de vanguardia debe estudiarse en el marco de rupturas y reacciones dentro del universo verbal, como vengo haciendo, para escapar el historieta biocéntrica, la historia literaria no puede ignorar la especificidad histórica del contexto social. Y menos cuando se trata de la predominancia de la dimensión política de todo texto específicamente literario (Jameson, 18). Los destellos sadianos vuelven a aparecer en España, aunque esta actualidad no sea la más importante. La palabra revolución, y su historia de ciento cincuenta años en 1937, laten en este poemario. La ideología republicana (desde 1789), las ideologías marxista (desde 1856), la revolución rusa (1917) son constitutivos del discurso político del Vallejo español.

    La voz lírica de España vive, dentro del universo verbal del libro, los eventos de la Guerra civil española (1936-1939). La enunciación en Boudoir vive, dentro del panfleto intercalado, los eventos de la Revolución francesa (1789). Si la cuestión ética es conflictiva con la estética en ambos maestros de la oscura iluminación, la cosa política también lo es. Advertida la lectora, el punto de encuentro-desencuentro está en un panfleto titulado “Français, encore un effort si vous voulez être républicains” de esta obra. Sade, siempre intransigente, critica en dos apartes (La religion, Les mœurs) a todos los puntos institucionales y culturales de Francia decimoséptima. Su contradicción histórica: aristócrata revolucionario. De hecho, en este diálogo Dolmancé manda a salir del boudoir a Augustin, el jardinero cuyo cuerpo sirvió de modelo a sus lecciones sádicas, y le dice al excusarlo,

    Sors, Augustin : ceci n’est pas fait pour toi ; mais ne t’éloigne pas ; nous sonnerons dès qu’il faudra que tu reparaisses

    (Boudoir, 186).

     

                El lector del panfleto, aristócrata revolucionario, excluye a la masa del debate de lo público aún cuando ella sea indispensable para destronar al rey monarca, Luís XVI[2]. Ahora bien, para los objetivos de este trabajo, es imperativo conservar la discusión sobre la crisis de la modernidad y en especial, la resolución artística de indicar la libertad (de semejante crisis) en la idea de la forma dentro de la dialéctica destrucción-creación. De igual manera, distinguimos el carácter enunciativo en la reincidencia Sade-Vallejo. El narrador cortesano de Boudoir excluye a Augustin, el jardinero, mientras que la voz lírica de España, se dirige a un segmento poblacional que la ideología marxista denomina proletario o masa, título del poema XII de este libro de poemas: “Le rodearon millones de individuos.”

    Por esto, la ruptura de Vallejo, ya desde el experimento formal de Trilce, en España supera todo clasismo (Sade) para ser verbo social y poético. La hermenéutica marxista de la posguerra ya adelantaba: “y es el ser social quien determina la conciencia, no la conciencia quien determina el ser social (61), pero más preciso aún,

    El campesino tiene conciencia e ideas de campesino; es evidente que ni su conciencia ni sus ideas crean íntegramente su relación con la tierra, la organización de su trabajo, sus instrumentos, sus relaciones con sus vecinos, con su comuna, su región, su país, etc. Los ejemplos se podrían multiplicar (Lefebvre, 61).

     

    Estas afirmaciones de Lefebvre, escritas un decenio luego de la publicación de España, reflejan con mayor claridad epocal el tipo de revolución por la que aboga el poeta peruano, que no el hereje francés. Decir que las ideas “del campesino” no recrean todo el complejo escenario de la descripción marxista de la sociedad, no significa excluirlo del debate de ideas – por lo menos en el socialismo utópico clásico y bipolar – y es por aquí donde está Vallejo. Por esta razón es que el cínico hoydía leería con morbo a Boudoir y con conciencia a un poema como España. El sexo y la política se mezclan diferente que la política y la pobreza. Pero reitero, considerando la filosofía de creación de Sade, vale acercarse a la dimensión poética y político-social en Vallejo. No obstante, desde el punto de vista estético, el morbo por la figura del cadáver da mayor significación política al poema. El poema XII, ‘Masa,” dice,

    Al fin de la batalla,

    y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre,

    y le dijo: “no mueras, te amo tanto!”

    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    (España, XII)

     

    Cuatro de las cinco estrofas terminan con el cadáver que “siguió muriendo,” pero en la última, el muerto, viendo a todos quien lo animaban a continuar, “echose a andar.” Cuatro quintas partes del poema se preocupan por el miedo a que el sujeto muera, pero la última observa un cadáver “vivo” que se “echa a andar.” Alegórico o literal, el poema XII repite toda la estrategia del poemario: la mayor parte del tiempo habla sobre el cadáver, es decir, las víctimas de la guerra por una España republicana. Pero al contrario, al favorecer la muerte, la figura de esta, el cadáver, sirve para hablar por todo el sufrimiento del ‘muerto en vida,’ víctima de la explotación del hombre por el hombre[3]. El uso de imágenes oscuras en Vallejo no corresponde, pues, a una fascinación por el ejercicio del mal de la vida secreta de élite, sino a una estrategia estética donde la dialéctica destrucción-creación, siendo sintomática de la crisis de la modernidad, porta la fuerza de un mensaje social sin dejar desatendida, precisamente, la dimensión estética del poema. No se trata de justificar el homicidio, sino de retratar el hecho de la destrucción como punto de partida para la construcción específicamente republicana. En efecto, la crítica a grupos privilegiados es pertinente al texto vallejano en tanto texto vanguardista que, como en las vanguardias europeas, “can be defined as an attack of the status of art in bourgeois society” (Bürger, 49).

                Hay que insistir en la estrategia estética de Vallejo para con la imagen del cadáver social,

    Proletario que mueres de universo, ¡en qué frenética armonía acabará tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente, tu violencia metódica, tu caos teórico y práctico, tu gana dantesca, españolísima, de amar, aunque sea a traición, a tu enemigo! (España, I)

     

    Las violaciones gramaticales aparecen mucho menos en este poemario, que toma en cuenta a su audiencia sin dejar el genio creativo e incluso las rupturas formales logradas en Trilce. La última cita evidencia la diversidad de discursiva del Vallejo de 1937. De “proletario” a “frenética armonía,” lo político y lo poético se conjugan a la vez en la universalidad y en especificidad “españolísima.” El vocabulario ideológico sin llegar a ser panfletario reúne la contradicción de la expresión en el sentido social manifiesto. La paradoja “frenética armonía define la naturaleza del “proletario,” y así la contradicción latente, ingenio poético, se convierte en idea que redunda en la comunicabilidad social sobre el antagonismo de clases.           

    Un recurso gramatical que refuerza el efecto ideológico es el uso de los pronombres a lo largo del poema. La voz lírica se dirige frecuentemente a ‘vosotros’ y también a ‘tú’ en señal que referir un signo de familiaridad y sentido colectivo.

    ¡Voluntarios,

    por la vida, por los buenos, matad,

    a la muerte, matad a los malos!

    ¡Hacedlo por la libertad de todos!

    (España, I)

     

    En apelación directa, la voz está destinada a una escucha que está conformada por el pueblo. Lo político y poético son puestos en contacto con aún otro discurso, el religioso,

    ¡Obrero, salvador, redentor nuestro,

    perdónanos, hermano, nuestras deudas!

    (España, I)

     

                De este modo, la ideología del oprimido está unida tanto al credo católico como a la estrategia poética del cadáver social. Esta ‘trinidad’ discursiva recupera el espíritu contradictorio de sus obras anteriores como Trilce y Poemas humanos. Lo que indica que la forma siempre dice información sobre el sentido de la forma. Léase, desde ahí, versos como,

    Extremeño, ¡oh no ser aún ese hombre

    por el que te mató la vida y te parió la muerte

    […]

    Málaga sin defensa, donde nació mi muerte dando pasos

    y murió de pasión mi nacimiento

    (España, II) (subrayado mío)

                La contradicción y la paradoja entre la vida y la muerte viven y reviven en la estrategia expresiva de todo el poema. Pasando por diferentes regiones y habitantes de España proletaria, casi como un cronista de la realidad española, la vida se sostiene a través de la fuerza expresiva de la muerte, y no al revés. Y no es sólo vida en abstracto, es vida localizada en la regiones específicas de España, de Castilla a Andalucía. La dualidad en el empleo de la palabra vida, entre  universal y localizable, se enriquece a su vez con el discurso triple. Discurso que sustenta la voz lírica y que encuentra su productividad expresiva más significativa por el hecho mismo de que hay tensión entre lo poético, lo político y lo religioso. Cuando esta elección de discursos simultáneos se toma en cuenta para la interpretación del crítico, se tiene que la elección es tan significativa como el contenido de los discursos y se concluye, por ende, que la tensión entre estos es de una tensión productiva.

                Como si clamara su derecho a la contradicción, la idea de libertad se asume en un texto que usa palabras que vienen de distintos centros, atendiendo a distintas necesidades; la religión a lo espiritual, el marxismo a la justicia social, la muerte a la alegoría vital. Al mismo tiempo, el uso que Vallejo da a vocabularios tan diversos redunda en el ejercicio del poeta: combinar palabras, o mejor, combinar poéticamente una plétora de lenguajes. Este ejercicio, como en Trilce y de otra manera que Trilce, produce dos centros de atención lectora: la significación manifiesta (España republicana) y la forma significativa (triple discurso). La unión de estos dos centros es lo que yo llamo tensión productiva.

                No es preciso decir que Trilce tiene de formal lo que le faltó a España. Ambas ofrecen signos crudos que buscan destronar barreras y liberar realidades. ¿Cómo liberarse de la cárcel de una sociedad injusta sin liberar a la expresión que detecta esa injusticia? Libertad exterior del reo, o libertad exterior del colectivo, poetizar las carencias a través del espacio carcelario en Trilce o cantar la muerte a través del cadáver cuya memoria es vitalidad social en España, los textos de Vallejo resultan, en todo orden, liberadores. Porque usan la tensión en el seno de una crisis profunda, en la producción del signo poético que explora espacios y mensajes sociales. Por todo esto comentado hasta aquí, se podría argüir que más importante que una errónea igualdad ideológica – como apunta el último epígrafe que inicia mi reflexión –, se trata usar la desigualdad de distintos discursos y la ruptura de normas no tanto para ofrecer soluciones milagrosas, pero para rendir el estado de cuentas incluso en la contradicción y en la paradoja.

     

    Obras citadas

    Bachelard, Gaston. The Poetics of Space. (1958). Trad. Maria Jolas. Boston: Beacon, 1969.

    Barthes, Roland. Sade, Fourier, Loyola. Paris: Seuil, 1971.

    Belaval, Yvonne. “Préface” en Sade, R.A.F. de. Justine ou Les Malheurs de la vertu. París: Le livre de poche. 1973.

    Bürger, Peter. Theory of the Avant-Garde. (1974). Trad. Michael Shaw. Minneapolis: UP, 2002.

    Didier, Béatrice. “Préface” en Sade, R.A.F. de. La Philosophie dans le boudoir. (1792). París: Folio classique, 1976.

    Lefebvre, Henri. El marxismo. (1948). Buenos Aires: Eudeba, 1966.

    Ortega, Julio. “Introducción” en Vallejo, César. Trilce. (1922). Madrid: Cátedra, 1991.

    Sade, R.A.F. de. Justine ou Les Malheurs de la vertu. París: Le livre de poche. 1973.

    ---. La Philosophie dans le boudoir. (1792). París: Folio classique, 1976.

    Sucre, Guillermo. La máscara, la transparencia. Caracas: Monte Ávila, 1975.

    Vallejo, César. Trilce. (1922). Ed. Julio Ortega. Madrid: Cátedra, 1991.

     

    [1] Tómese nota de que, además de la censura epocal, la primera versión textualmente íntegra de Justine data de 1973, la edición de Béatrice Didier, unos doscientos años después de su primera publicación.

    [2] Roland Barthes señala que la exclusión social de Augustin no implica su humillación: le langage populaire, d’abord frotté plasiament au langage aristocratique, est ensuite simplement exclu, y continúa l’érotisme panique s’arrête à la division des sociolectes ; il es le populaire pur […] : il n’est en rien humilié, mais seulement exclu (164).

    [3] La publicación de España antecede por dos años a la dictadura de Franco, militar de éxito en la Guerra de Marruecos (varias entre 1869 y 1921), que le costó más al pueblo español en pérdidas materiales que a la élite monárquica, política y burguesa de España.

  • Bush de gira en America Latina

    Bush de gira en América Latina

    Dionisio Márquez Arreaza, Universidad de Miami

    Durante su semana de gira por cinco países latinoamericanos a mediados de marzo, George W. Bush intentó mejorar la imagen de su gobierno en la zona. Fortaleciendo acuerdos de libre comercio con sus homólogos en Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, el presidente estadounidense debió prometer también cientos de millones de dólares en programas que ayuden a erradicar la pobreza en la región.

    En los últimos tiempos, el gobierno del tejano republicano ha visto con preocupación multiplicar los gobiernos de izquierda en América Latina. Le preocupa particularmente la vigencia de la democracia en Venezuela, expresamente “antiimperialista”. Asimismo le preocupa la existencia de MERCOSUR, el mercado común suramericano, que busca la integración económica y el desarrollo social entre Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, y recientemente Venezuela con el resto de Latinoamérica.

    Bush se va de gira en un mal momento para la imagen de su política exterior y doméstica. Ya por los errores de la larga y costosa invasión en Iraq, ya por la reacción tardía del gobierno federal en Nueva Orleáns tras Katrina en 2005, la opinión pública sobre su gobierno ha empeorado dentro y fuera de los Estados Unidos. La imagen de la primera potencia mundial confronta no pocas dificultades con sus vecinos del Sur, especialmente en materia migratoria.

    En la populosa São Paulo, primera parada, Bush y su homólogo brasileño, Lula da Silva, pactaron desarrollar el etanol, recurso energético vegetal. Derivado de la caña de azúcar, la iniciativa busca reducir la dependencia del petróleo y mejorar la salud del planeta. Luego, con el presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, Bush sopesó la apertura de productos uruguayos en el mercado norteamericano.

    Tanto Lula como Vázquez entienden el MERCOSUR en armonía con el comercio con otros bloques económicos como los Estados Unidos, Europa y China.

    Simultáneamente, en Buenos Aires, el venezolano Hugo Chávez liderizaba una manifestación popular, desligada del gobierno argentino, criticando vivamente los intereses del Bush en América Latina, y en particular el etanol. Cuando Bush se dirigía a Colombia y Guatemala, Chávez continuó su ‘contragira’, que no fuera planificada como tal, viajando a Bolivia y Nicaragua, y reuniéndose con Evo Morales y Daniel Ortega, respectivamente. El presidente estadounidense se abstuvo en todo momento de referirse explícitamente al venezolano.

    Cuidado en todo momento por un denso cordón de seguridad, a lo largo de la gira de Bush las calles de las ciudades visitadas vieron protestas populares rechazando su presencia.

    En Bogotá, Bush se comprometió con su colega, Uribe, a luchar contra el narcotráfico a través de la segunda fase del Plan Colombia. También prometió abogar por el Tratado de libre comercio (TLC) cuya aprobación depende del Congreso estadounidense, dominado por demócratas, que cuestiona dicho Tratado. Después, siempre optimista, Bush acordó asimismo libre comercio con Guatemala, país donde niños trabajan para agricultores que venden a Wal-Mart.

    Sin duda el gran tema de la gira fue la migración hispana. El presidente guatemalteco, Oscar Berger, expresó que hay “desacuerdos” en esta materia. En México, Felipe Calderón respetuosamente criticó la construcción del muro de 1.120 kilómetros en la frontera mexicanoamericana. Allí se prometió una reforma migratoria amplia que contemplara tanto el control fronterizo como visas de trabajo temporal para así regularizar la situación legal de unos seis millones de trabajadores mexicanos.

    Esta segunda gira de Bush en América Latina muestra la preocupación por el sentimiento “antiamericano” creciente, y el interés de su gobierno por reforzar lazos económicos. Lazos latentes en la medida en que el gobierno norteamericano sepa trabajar con izquierdas preocupadas por la gran pobreza de sus poblaciones.

     

  • Gana Chávez, una perspectiva relacional

    Ayer, 3 de diciembre de 2006, Hugo Chávez Frías ganó la presidencia por segunda, tercera o cuarta vez, según la prensa que uno lea, como también por cómo se sumen o resten las elecciones y referendos que desde el 98 se han dado en la democracia venezolana. Sin considerarme particularmente ni de oposición ni chavista - que fácil, no? -, aunque voté por Chávez en el 2000, mi decisión ayer fue de no votar por él. Los que estén pensando que soy otro escuálido más, sigan leyendo, que no estoy para propaganda fácil. Los que estén adivinando con ingenuo entusiamo que abogo por un antichavismo ciego, sigan leyendo; porque aquí no estoy sino reflexionando, pensando, sin tener que reducirme a ningún "lado". Como me dijo alguien, no se trata de por quién sino por qué votar.

    Y como dice el brasileño Roberto DaMatta respecto a la cultura iberoamericana: "a virtude está no meio", es decir, "la virtud está en el medio". ¿Cuándo entenderemos los venezolanos, como latinoamericanos, que la actitud de "rechazo al otro" sigue reproduciendo y reduciéndonos a los intrumentos ideológicos euro-americanos que desde la Colonia frenan el potencial real en y de América Latina? Nuestra ideología cultural, desde el mestizaje, pasando por Bolívar y Martí, llegando a las izquierdas actuales del subcontinente, a mi juicio, deben pensarse desde una perspectiva relacional (que ya desde la Indenpendencia venimos cultivando) y no desde una reducción dicotómica (a lo que quiere reducirnos el llamado mundo libre [the free world]). Así, parafraseando a DaMatta, diría yo que la virtud venezolana no se reduce a Chávez ni a la oposición sino que "está en el medio", que se dinamiza a través de la práctica relacional, o sea, de la negociación productiva entre estos discursos en aparente oposición. Claro está, la tensión existente hoydía impide el desarrollo de este tipo de perspectiva y práctica, y esto es lo que hoy y mañana quiero proponerles a mis hermanos y hermanas quienes compartimos la tierra que nos vio nacer.

    Yo no sólo reconozco y respeto plenamente al víctor de ayer, sino que lo felicito y en nada comparto ningún sentimiento de decepción o frustración "opositor". Por lo recién dicho, aplaudo y seguiré aplaudiendo las misiones populares que Chávez ha desarrollado y seguirá desarrollando en el país - y que Rosales en tanto gobernador ha debido implementar también -, entre otras: la alfabetización, los servicios médicos e iniciativas educativas; y a nivel subcontinental, aplaudo asimismo la integración económica y las misiones sociales de Venezuela en el extranjero, estén estas en Nueva York o en La Paz.

    Al mismo tiempo sí critico el estilo autoritario en que Chávez usa la democracia. Y el corazón de la razón tras mi voto por Rosales se centra, pues, en la crítica a la concentración del poder en una sola persona. Cada quien tiene su idea de democracia; para mí ella implica la integración del otro en el proceso, y aquí pongo todo el énfasis de mi reflexión. Pero la intolerancia en este momento sigue viniendo y yendo desde las facciones más extremas de ambas orillas políti(quer)as, las de oposición y las de Chávez, creando una tautológica causalidad de culpas que crean lecturas reductoras, duales y absurdas de la "realidad" en Venezuela. NO: a la agresiva exclusión de quien piense diferente, de parte y parte.

    Y si hablamos de estilos autoritarios, y como está de moda hacer la comparación con Bush... pues hay que considerar que, al pesar de muchos en la oposición, mientras Chávez fue elegido de modo democrático por la población votante, y con la participación de observadores internacionales; muy al contrario, Bush no fue elegido por el pueblo norteamericano sino por el voto electoral de la Florida republicana - ¡cuyo color es el rojo! -, y el reconteo de boletas de papel que eran dificilísimas de interpretar... Es decir, la victoria de Bush es muchísimo más que cuestionable en términos de democracia, mientras que la elección de Chávez, según la OEA, el Centro Carter y los observadores europeos, fue irrevocablemente democrática. Y mencionemos también que el gobierno de Bush a través de la ley del Patriot Act y de la agencia gubernamental del Homeland Security priva tanto a todos los ciudadanos y residentes estadounidenses como a los extranjeros - yo entre ellos - de la libertad a la privacidad. Bush y su Patriot Act - ay de este Brave New World de Uncle Sam - recuerda un poco a los Centros de Defensa a la Revolución (CDRs) en Cuba, que no a los Centros bolivarianos en Venezuela, en el sentido en que aquellos son órganos oficiales de vigilancia "sutil" de la privacidad individual.

    Mi punto es que hay que des-automatizar algunos esencialismos: la democracia y el autoritarismo, el comunismo o socialismo y el capitalismo, no son en la práctica en absoluto homogéneos, y cada gobierno tiene mezclas específicas que no siempre hacen coincidir su discurso político y su práctica socioeconómica. Y por esto mismo, para el pesar del gobierno de Bush y la creciente derecha europa, la izquierda latinoamericana no es homogénea. Sin embargo, por encima de las diferencias entre Castro, Chávez, Lula, Morales, Kirchner, Tabaré Vázquez, Bachelet y Ortega, el interés común de la integración subcontinental es latente y patente.

    Pensemos un poco desde una perspectiva plural la relación entre la retórica socialista (la política) y el modelo capitalista (la economía) que hoy definen, de modo dinámico, al gobierno venezolano. Quienes piensan que Chávez reproduce un socialismo cubano - el que intentó reproducir a su vez el modelo soviético -, debe también entender que la economía venezolana está orientada al capitalismo y no al comunismo. Paréntesis: Incluso la economía cubana, que desde la caída del bloque soviético se ha capitalizado a través del turismo, está basada en la ley de oferta y demanda (lo que Castro mismo ha expresado en los medios cubanos), por supuesto, en modos diferentes a las democracias del primer mundo. Cierro paréntesis. Si por un lado la retórica socialista de Chávez asusta a los empresarios, no deben estos olvidar la dependencia que aún hoy existe en el mercado interno venezolano con países como Francia (que simpatiza con la revolución cubana) y Estados Unidos (que siguen con el bloqueo económico hacia Cuba). Si los chavistas de corte extremo y ciego creen que la economía venezolana va a apartarse de esquemas capitalistas, pues recuerden que no sólo Pdvsa a través de la franquicia Citgo hace buenas ventas de gasolina en Estados Unidos, sino que también representa un quince por ciento del petróleo que importa los Estados Unidos. Que estas rentas "capitalistas" se inviertan en proyectos "sociales", cosa positiva, no sólo demuestra que el modelo venezolano actual ya era heterogéneo, sino que ningún gobierno es homogéneo, y más aún, que toda interpretación esencialista "comunismo-capitalismo" responde a reducciones ideológicas euro-americanas que en la realidad se combinan y mezclan en modos más complejos de lo que la política exterior tanto del gobierno estadounidense como la europea querrán reconocer.

    Mi punto con la idea de integración interna para Venezuela es que si ya las alianzas políticas y económicas de Mercosur existen, a pesar de los estilos de gobierno diferentes en Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Venezuela, ¿es demasiado utópico e idealista de mi parte pensar en que en Venezuela puede haber una reconciliación real entre chavistas y opositores, una aceptación del otro en el proceso político y económico actual, y una integración de ambas orillas ideológicas? ¿Es que no es posible hacer de las diferencias un mecanismo democrático que posibilite una negociación productiva?

    Yo soy optimista y yo creo que más allá de las difirencias está el amor y el deseo de trabajar por Venezuela más que por bipartidismos..

  • Take me out of the ballgame

    En la televisión las imágenes del partido de fútbol entusiasmaban a dos muchachos, uno echado en el sofá, el otro raspando con una tarjeta de crédito el espejo que reposaba sobre la mesita del living, mientras que con la otra mano enrollaba un billete. El animador del juego apenas se escuchaba en la sala ya que las cornetas de la tele sonaban como gárgaras con sal y agua. Uno le decía al otro: ¿Cómo puedes interpretar esa jugada como mano? El otro comentarista le responde: Evidentemente rebotó contra el codo, y por ello se cobró la falta.

    -No jodas, marica, esa bola no lo tocó ni así.

    Lo dijo con los ojos hinchados y rojos, mientras que con dos de sus dedos enfatizaba el final de su frase, luego de haber sacudido con estos ligeramente su nariz. La interpretación de esa jugada desembocó en una apasionada discusión sobre la reglas del juego y cómo esas reglas dependen del punto del vista del árbitro.

    -Maldita sea, continuó el otro, con toda la tecnología digital que hay, el zoom óptico, la repetición en cámara lenta, y van a creer en la limitada visión de un pendejo que gatea por el campo por el que se pelean los jugadores. Deberían cambiar el reglamento y esa estúpida necesidad de un árbitro.

    Habiendo inhalado el humo, se reacomoda en el sofá y presta atención. Un árbitro, le dijo el otro, mantiene en el juego un elemento de margen de error. Sin él, continuó, el juego se pondría rudo bien rápido, y habría chance a la infinita reinterpretación de la jugada siempre que la toma de la cámara se preste a la ambigüedad también. Exhalando el humo, este lo corta: Tú no hables, señor música digital es mejor que formato analógico. Cállate la boca.

    Alejando de su rostro el billete bien enrolladito, ahora lo cambia de mano, y se prepara para juntarlo otra vez a su cara, colocado bien cerquita del espejo. En esa maniobra, se escuchaba al comentarista decir:

    -Estos japoneses juegan un antifútbol; saturan el área para impedir que se desarrolle cualquier movimiento, literalmente. Está, sin exageración, Pablo, toda la selección japonesa en el rectángulo.

    Tal vez sean un poco inútiles los chinitos, dice el del billete, pero no son animales como los holandeses o los polacos; qué feo juegan esos coños. Qué juego el de ellos: se baten como bestias, y entonces se llena el estadio de aplausos. Qué ceremonias de la bestialidad.

    Continúan los comentaristas: Ciertamente, Pablo, después de una jugada dada, una persona ve una cosa, y otra ve otra, pero a la hora de la verdad, para mejor o peor, el árbitro da la última palabra y sólo nos resta aceptar su percepción. El otro sigue: En efecto, Juan, lo hecho hecho está. Sin embargo, hay equipos – como Italia – que han corrido con la suerte de árbitros que sentencian penales en el último minuto del juego, pasando, así, a cuartos de final con un poco de teatralidad y mariconería.

    -Todo lo que sería resuelto de no haber un puto árbitro de mierda. Ese es el coordinador general de la ceremonia de bestialidades.

    Mientras este sufría un ataque de tos, el otro se preparaba un pan con queso aunque poco le gustaba el pan. Satisfecho, se instala al lado del compadre en el sofá. Le dijo:

    -Toda verdad, siempre estuvo desde el principio desgraciada por alguna locura. Toda regla humana vive en contradicción con las prohibiciones que impone. Si pensamos en el Marqués de Sade, vemos claramente que la creación y la destrucción se necesitan, así como el éxtasis bebe de las fuentes de la agonía. Si saltamos de las oscuras luces de la Ilustración francesa, a las tierras baldías de la modernidad, asistimos al sepulcro de Dios y de la Verdad. Aquí vemos el crepúsculo del punto de vista, de la relatividad, detectando el poder que todo discurso maneja, asuntos estos que tanto entretienen a los pensadores posmodernos. Hay que decirle adiós al paraíso perdido de Eva y de los universales, tal como Derrida leyó el tabú del incesto en la antropología estructural de Lévi-Strauss o la ilusión de una benévola pureza originaria del ser humano en el discurso sobre la civilización de Rousseau. 

    -Y ¿qué tiene que ver eso con la decisión del maricón del árbitro?

    -Bueno chico que las reglas que ordenan el juego, para que este parezca civilizado, en realidad canalizan energías fundadas en la rivalidad, en la competencia, en la ley natural de la violencia y la destrucción. Eso si no mencionamos programas deportivos como Ultimate Fighting, donde las reglas apenas mantienen a los peleadores respirando y escupiendo sangre. No sólo es perceptual la interpretación de una jugada sino las particularidades de cada juego. Para algunos el fútbol es un arte mientras que el fútbol americano es para animales. La cosa es darse cuenta que todo sistema se niega a través de reglas que mientras en la forma son “civilizadas”, en el fondo reproducen no sólo los ideales – entiéndanse occidentales – de la libertad, fraternidad e igualdad, sino que también cantan las armonías de la destrucción. La incoherencia de las reglas y de los objetivos de orden y paz de toda ideología occidental, se ilustra en el “juego” de la guerra que hoy abunda.

  • Dos cuentos de ella

    Una mañana de esas, despertándome

     

    Estoy solo y está también el azul iluminado del cielo con nubes como de algodón. Veo, tengo, vivo. El calderón de la mente recuerda el olor a cáñamo, las películas Vivre sa vie y Domicile conjugal, y al amanecer esa resaca que no se debe al alcohol – que no ha faltado tampoco – sino a las ausencias.

    I

    Estaba caminando, no me acuerdo ni adónde iba ni de dónde venía. Veía, tenía, vivía. Cuando la reconocí, ella se puso a correr, aunque más bien trotaba. Tenía de corte de pelo una cresta. Pero muy cuchi, sin embargo, algo raro en una niña tan linda. Se alejaba, mientras volteaba su rostro, con esos ojos grandes, dulces y curiosos, ensimismados como quien fija la mirada para mirar a los lados. No pude alcanzarla y desapareció.

    II

    Esta vez tenía el pelo largo, normal. Íbamos en un carrito hasta la casa de un amigo. El conductor era un chino ya maracucho que hablaba mucho del calor y los cují. Él no conocía la zona muy bien, y le avisé que la curva era difícil. Frenó, y el carro a punto de desbarrancarse se jugaba el equilibrio. Alcancé a salir no sé cómo y a agarrarme de una raíz, y justo cuando el carro se caía, la atrapé por la camisa. Vi, tuve, viví.

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