Ayer, 3 de diciembre de 2006, Hugo Chávez Frías ganó la presidencia por segunda, tercera o cuarta vez, según la prensa que uno lea, como también por cómo se sumen o resten las elecciones y referendos que desde el 98 se han dado en la democracia venezolana. Sin considerarme particularmente ni de oposición ni chavista - que fácil, no? -, aunque voté por Chávez en el 2000, mi decisión ayer fue de no votar por él. Los que estén pensando que soy otro escuálido más, sigan leyendo, que no estoy para propaganda fácil. Los que estén adivinando con ingenuo entusiamo que abogo por un antichavismo ciego, sigan leyendo; porque aquí no estoy sino reflexionando, pensando, sin tener que reducirme a ningún "lado". Como me dijo alguien, no se trata de por quién sino por qué votar.

Y como dice el brasileño Roberto DaMatta respecto a la cultura iberoamericana: "a virtude está no meio", es decir, "la virtud está en el medio". ¿Cuándo entenderemos los venezolanos, como latinoamericanos, que la actitud de "rechazo al otro" sigue reproduciendo y reduciéndonos a los intrumentos ideológicos euro-americanos que desde la Colonia frenan el potencial real en y de América Latina? Nuestra ideología cultural, desde el mestizaje, pasando por Bolívar y Martí, llegando a las izquierdas actuales del subcontinente, a mi juicio, deben pensarse desde una perspectiva relacional (que ya desde la Indenpendencia venimos cultivando) y no desde una reducción dicotómica (a lo que quiere reducirnos el llamado mundo libre [the free world]). Así, parafraseando a DaMatta, diría yo que la virtud venezolana no se reduce a Chávez ni a la oposición sino que "está en el medio", que se dinamiza a través de la práctica relacional, o sea, de la negociación productiva entre estos discursos en aparente oposición. Claro está, la tensión existente hoydía impide el desarrollo de este tipo de perspectiva y práctica, y esto es lo que hoy y mañana quiero proponerles a mis hermanos y hermanas quienes compartimos la tierra que nos vio nacer.

Yo no sólo reconozco y respeto plenamente al víctor de ayer, sino que lo felicito y en nada comparto ningún sentimiento de decepción o frustración "opositor". Por lo recién dicho, aplaudo y seguiré aplaudiendo las misiones populares que Chávez ha desarrollado y seguirá desarrollando en el país - y que Rosales en tanto gobernador ha debido implementar también -, entre otras: la alfabetización, los servicios médicos e iniciativas educativas; y a nivel subcontinental, aplaudo asimismo la integración económica y las misiones sociales de Venezuela en el extranjero, estén estas en Nueva York o en La Paz.

Al mismo tiempo sí critico el estilo autoritario en que Chávez usa la democracia. Y el corazón de la razón tras mi voto por Rosales se centra, pues, en la crítica a la concentración del poder en una sola persona. Cada quien tiene su idea de democracia; para mí ella implica la integración del otro en el proceso, y aquí pongo todo el énfasis de mi reflexión. Pero la intolerancia en este momento sigue viniendo y yendo desde las facciones más extremas de ambas orillas políti(quer)as, las de oposición y las de Chávez, creando una tautológica causalidad de culpas que crean lecturas reductoras, duales y absurdas de la "realidad" en Venezuela. NO: a la agresiva exclusión de quien piense diferente, de parte y parte.

Y si hablamos de estilos autoritarios, y como está de moda hacer la comparación con Bush... pues hay que considerar que, al pesar de muchos en la oposición, mientras Chávez fue elegido de modo democrático por la población votante, y con la participación de observadores internacionales; muy al contrario, Bush no fue elegido por el pueblo norteamericano sino por el voto electoral de la Florida republicana - ¡cuyo color es el rojo! -, y el reconteo de boletas de papel que eran dificilísimas de interpretar... Es decir, la victoria de Bush es muchísimo más que cuestionable en términos de democracia, mientras que la elección de Chávez, según la OEA, el Centro Carter y los observadores europeos, fue irrevocablemente democrática. Y mencionemos también que el gobierno de Bush a través de la ley del Patriot Act y de la agencia gubernamental del Homeland Security priva tanto a todos los ciudadanos y residentes estadounidenses como a los extranjeros - yo entre ellos - de la libertad a la privacidad. Bush y su Patriot Act - ay de este Brave New World de Uncle Sam - recuerda un poco a los Centros de Defensa a la Revolución (CDRs) en Cuba, que no a los Centros bolivarianos en Venezuela, en el sentido en que aquellos son órganos oficiales de vigilancia "sutil" de la privacidad individual.

Mi punto es que hay que des-automatizar algunos esencialismos: la democracia y el autoritarismo, el comunismo o socialismo y el capitalismo, no son en la práctica en absoluto homogéneos, y cada gobierno tiene mezclas específicas que no siempre hacen coincidir su discurso político y su práctica socioeconómica. Y por esto mismo, para el pesar del gobierno de Bush y la creciente derecha europa, la izquierda latinoamericana no es homogénea. Sin embargo, por encima de las diferencias entre Castro, Chávez, Lula, Morales, Kirchner, Tabaré Vázquez, Bachelet y Ortega, el interés común de la integración subcontinental es latente y patente.

Pensemos un poco desde una perspectiva plural la relación entre la retórica socialista (la política) y el modelo capitalista (la economía) que hoy definen, de modo dinámico, al gobierno venezolano. Quienes piensan que Chávez reproduce un socialismo cubano - el que intentó reproducir a su vez el modelo soviético -, debe también entender que la economía venezolana está orientada al capitalismo y no al comunismo. Paréntesis: Incluso la economía cubana, que desde la caída del bloque soviético se ha capitalizado a través del turismo, está basada en la ley de oferta y demanda (lo que Castro mismo ha expresado en los medios cubanos), por supuesto, en modos diferentes a las democracias del primer mundo. Cierro paréntesis. Si por un lado la retórica socialista de Chávez asusta a los empresarios, no deben estos olvidar la dependencia que aún hoy existe en el mercado interno venezolano con países como Francia (que simpatiza con la revolución cubana) y Estados Unidos (que siguen con el bloqueo económico hacia Cuba). Si los chavistas de corte extremo y ciego creen que la economía venezolana va a apartarse de esquemas capitalistas, pues recuerden que no sólo Pdvsa a través de la franquicia Citgo hace buenas ventas de gasolina en Estados Unidos, sino que también representa un quince por ciento del petróleo que importa los Estados Unidos. Que estas rentas "capitalistas" se inviertan en proyectos "sociales", cosa positiva, no sólo demuestra que el modelo venezolano actual ya era heterogéneo, sino que ningún gobierno es homogéneo, y más aún, que toda interpretación esencialista "comunismo-capitalismo" responde a reducciones ideológicas euro-americanas que en la realidad se combinan y mezclan en modos más complejos de lo que la política exterior tanto del gobierno estadounidense como la europea querrán reconocer.

Mi punto con la idea de integración interna para Venezuela es que si ya las alianzas políticas y económicas de Mercosur existen, a pesar de los estilos de gobierno diferentes en Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Venezuela, ¿es demasiado utópico e idealista de mi parte pensar en que en Venezuela puede haber una reconciliación real entre chavistas y opositores, una aceptación del otro en el proceso político y económico actual, y una integración de ambas orillas ideológicas? ¿Es que no es posible hacer de las diferencias un mecanismo democrático que posibilite una negociación productiva?

Yo soy optimista y yo creo que más allá de las difirencias está el amor y el deseo de trabajar por Venezuela más que por bipartidismos..