Bush de gira en América Latina

Dionisio Márquez Arreaza, Universidad de Miami

Durante su semana de gira por cinco países latinoamericanos a mediados de marzo, George W. Bush intentó mejorar la imagen de su gobierno en la zona. Fortaleciendo acuerdos de libre comercio con sus homólogos en Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, el presidente estadounidense debió prometer también cientos de millones de dólares en programas que ayuden a erradicar la pobreza en la región.

En los últimos tiempos, el gobierno del tejano republicano ha visto con preocupación multiplicar los gobiernos de izquierda en América Latina. Le preocupa particularmente la vigencia de la democracia en Venezuela, expresamente “antiimperialista”. Asimismo le preocupa la existencia de MERCOSUR, el mercado común suramericano, que busca la integración económica y el desarrollo social entre Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, y recientemente Venezuela con el resto de Latinoamérica.

Bush se va de gira en un mal momento para la imagen de su política exterior y doméstica. Ya por los errores de la larga y costosa invasión en Iraq, ya por la reacción tardía del gobierno federal en Nueva Orleáns tras Katrina en 2005, la opinión pública sobre su gobierno ha empeorado dentro y fuera de los Estados Unidos. La imagen de la primera potencia mundial confronta no pocas dificultades con sus vecinos del Sur, especialmente en materia migratoria.

En la populosa São Paulo, primera parada, Bush y su homólogo brasileño, Lula da Silva, pactaron desarrollar el etanol, recurso energético vegetal. Derivado de la caña de azúcar, la iniciativa busca reducir la dependencia del petróleo y mejorar la salud del planeta. Luego, con el presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, Bush sopesó la apertura de productos uruguayos en el mercado norteamericano.

Tanto Lula como Vázquez entienden el MERCOSUR en armonía con el comercio con otros bloques económicos como los Estados Unidos, Europa y China.

Simultáneamente, en Buenos Aires, el venezolano Hugo Chávez liderizaba una manifestación popular, desligada del gobierno argentino, criticando vivamente los intereses del Bush en América Latina, y en particular el etanol. Cuando Bush se dirigía a Colombia y Guatemala, Chávez continuó su ‘contragira’, que no fuera planificada como tal, viajando a Bolivia y Nicaragua, y reuniéndose con Evo Morales y Daniel Ortega, respectivamente. El presidente estadounidense se abstuvo en todo momento de referirse explícitamente al venezolano.

Cuidado en todo momento por un denso cordón de seguridad, a lo largo de la gira de Bush las calles de las ciudades visitadas vieron protestas populares rechazando su presencia.

En Bogotá, Bush se comprometió con su colega, Uribe, a luchar contra el narcotráfico a través de la segunda fase del Plan Colombia. También prometió abogar por el Tratado de libre comercio (TLC) cuya aprobación depende del Congreso estadounidense, dominado por demócratas, que cuestiona dicho Tratado. Después, siempre optimista, Bush acordó asimismo libre comercio con Guatemala, país donde niños trabajan para agricultores que venden a Wal-Mart.

Sin duda el gran tema de la gira fue la migración hispana. El presidente guatemalteco, Oscar Berger, expresó que hay “desacuerdos” en esta materia. En México, Felipe Calderón respetuosamente criticó la construcción del muro de 1.120 kilómetros en la frontera mexicanoamericana. Allí se prometió una reforma migratoria amplia que contemplara tanto el control fronterizo como visas de trabajo temporal para así regularizar la situación legal de unos seis millones de trabajadores mexicanos.

Esta segunda gira de Bush en América Latina muestra la preocupación por el sentimiento “antiamericano” creciente, y el interés de su gobierno por reforzar lazos económicos. Lazos latentes en la medida en que el gobierno norteamericano sepa trabajar con izquierdas preocupadas por la gran pobreza de sus poblaciones.